Unico

martes, 25 de agosto de 2009

La gente de nuestro tiempo acostumbra hablar mediante clichés sin reparar en el hecho que son irreales y negativos. Estos lugares comunes por lo general aparentan ser frases altisonantes, llenas de sabiduría, pero en el fondo no son más que palabras cuidadosamente combinadas para aparentar intelectualidad.

Cuando era chico una señora mayor me enseñó que "las personas nunca cambian verdaderamente, sólo dan una imagen mejorada de sí mismas". El presidente de un país limítrofe dijo tiempo atrás que mis compatriotas y yo éramos "todos corruptos, desde el primero hasta el último" (cuando esto se hizo público tuvo que viajar a mi nación para pedir disculpas por el trascendido...). Y hace unos meses cierta persona me dijo: "nadie es imprescindible".

Debo admitir que estoy muy cansado del contenido que encierra este tipo de expresiones. Cansado de tanta generalización, harto de los moldes que establece la sociedad globalizada y disconforme con las mentiras que los medios de comunicación intentan hacernos creer. ¡Cuántos motivos para perdernos en la masa y ser un número más en las estadísticas!

Sin embargo, me alegró mucho redescubrir el inspirador Salmo 139, del famoso rey David. Allí escribió: "Dios mío, tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí! ¡Jamás podría yo alejarme de tu espíritu, o pretender huir de ti! Tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre, quien formó cada parte de mi cuerpo. Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias".

La religión organizada también utiliza frases hechas que pretenden condicionar nuestra forma de pensar y entender a Dios, nuestro Creador. Sin embargo, ¡qué diferencia encontramos en este poema de David, cuando concluye: "Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos, dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva"!

¿Sabe algo? ¡Todos somos imprescindibles! Si usted no existiera, el mundo no sería el mismo, porque fue creado por Dios como una persona única. Esto le otorga un gran privilegio, pero al mismo tiempo la suprema responsabilidad de relacionarse con Él de manera única, porque "sólo hay un
Dios y sólo hay uno que puede ponernos en paz con Dios: el hombre Jesucristo" (1 Timoteo 2:5). ¡Atrévase a vivir esta realidad y su vida cambiará para siempre!


Creo en mis sueños

domingo, 23 de agosto de 2009

Sueños... Creo en mis sueños, hablo sobre mis sueños, pienso en mis sueños, hago planes para mis sueños, creo oportunidades para mis sueños y me veo ya en mis sueños.
La única manera de lograr que un sueño se haga realidad, es hablar acerca de él, creer en él, verse a uno mismo en él y crear oportunidades para él.

Hay un gran poder de voluntad que sigue a lo que imaginamos. Este poder de la voluntad nos permite seguir adelante a pesar de todos los obstáculos y los sueños que debieran tomarnos diez a veinte años en lograrlos, se cumplen en menos tiempo.

¡Los planes en papel no son suficiente para los sueños! Simplemente veámonos actuando en lo que nos hemos imaginado y para cuando estemos involucrados pensaremos que todavía estamos en el proceso de imaginárnoslo.

Lo que creemos es lo que logramos. Lo que imaginamos es lo que llegamos a ser. Lo que pensamos es lo que experimentamos.

Fola Daniel, Nigeria.

Sin embargo los verdaderos sueños no son lo que nacen en la mente de un ser humano, sino los que vienen de Dios. Dios es el dador de los sueños productivos, poderoso, redentores. De nada sirve tener sueños si Dios no está en el asunto. Cuando Dios da el sueño, él dará los recursos para que los llevemos a cabo y el final siempre será que Dios será glorificado. Deja que Dios te siembre en sueño en tu vida y entonces podrás correr hacía el sueño.

Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos. Gen 41:15

Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Dios, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. Num 12:6

Y se le apareció Dios a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo: Pide lo que quieras que yo te dé. I Rey 3:5






Sigue las instrucciones

sábado, 22 de agosto de 2009

Después que una mujer entabló una demanda a un restaurante de comidas rápidas por haberse quemado con un café, las compañías comenzaron a cambiar sus manuales y etiquetas de advertencia. Fíjate en las siguientes instrucciones:

En una cena congelada: Descongelar antes de comer.

En una plancha: ¡Cuidado! No planche la ropa sobre su cuerpo.

En un frasco de mantequilla de cacahuate: Puede contener cacahuates.

En la tapa de la leche: Después de abrirla, manténgala derecha.

Si algunas personas necesitan estas obvias directrices en los artículos para el hogar, imagínate cuánto más necesitamos la guía de Dios. El Salmo 119 habla de la importancia de su manual de instrucción: la Biblia. En las páginas de las Escrituras encontramos lo que Dios quiere que creamos, seamos y hagamos.

"Cree en el Señor Jesús, y serás salvo. . ." (Hechos 16:31).

"Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo" (Efesios 4:32).

"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15).

Pídele al Señor que te enseñe sus estatutos y dirija tus pasos según su Palabra (Salmo 119:133,135). Luego léelo con frecuencia y sigue las instrucciones.