Una lagrima

viernes, 30 de octubre de 2009

Una lágrima: es eso que humedece los ojos del mundo. Y que el mundo se empeña en ocultar. Es eso que nos tragamos tantas veces por soberbia, por orgullo, por demostrar fortaleza y queda atorada en la garganta, apretada en el corazón, comprimiéndonos todo. Es tan profunda, que no sabemos con certeza de donde nace, ni si podrá morir alguna vez.

A veces una lágrima: cicatriza una herida, lava una pena y ablanda.

Una lágrima: es un recuerdo, una angustia, una desesperación, una interrogante. Una lágrima: puede ser a veces el comienzo del perdón, la primera luz de la rectificación que hace estrechar una mano.

Una lágrima: es a veces la gota mágica que hace cambiar por dentro cuando tenemos que pagar nuestra cuota de dolor, la lágrima ayuda. Cuando la derramamos en el corazón querido, o en la intimidad de la amistad, la lágrima une, estrecha, funde.

La lágrima transforma, enseña, disuelve los rencores, las espinas, las malas yerbas que van creciendo en la amistad e impidiendo acercarse, abrazarse, comprenderse. La lágrima descubre. El que ingnora tus motivos, no te conoce.

La lágrima es un don.

Lucas 6:21
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Mateo 5:4
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

Mas que atomos

jueves, 29 de octubre de 2009

Dos jóvenes hermanos se involucraron en una competencia continua por la superioridad. Allan de nueve años, explicaba a Roberto, de cuatro, la ciencia de la materia viva, muy complacido de su ventaja por estar en tercer grado.

Pronto, se desató una algarabía, con gritos de ¡Yo no! y ¡Tú también!, que se escuchaban por toda la casa. Roberto corrió llorando al encuentro con su madre.

-Mami... ¿está todo formado por átomos?
_Sí, así es.
-Entonces -dijo-, ¡estoy hecho de átomos!
-Él tienen razón, cariño. Todo en el mundo está compuesto por átomos.

Rob se tiró al piso, sollozando como si se hubiera roto el corazón. Su intrigada mamá lo tomó en brazos y lo estrechó fuertemente.

-A ver, ¿qué está pasando?
- ¡No es justo! -chilló-. No quiero estar hecho de Allans. Quiero estar hecho de Robertos.

Todos queremos reconocimiento a nuestra exclusividad. Sin embargo, nuestro valor propio no debe depender del lugar que ocupemos en la sociedad, de la opinión de otros hacia nosotros o de nuestras propias comparaciones con los demás. Nuestra autoestima debe cimentarse en el hecho de que Dios nos creó con extremo cuidado y nos ha llamado Su buena creación.

En su omnisciencia, todos estamos hechos de las sustancias correctas. Nuestro valor propio viene entonces de cómo las utilizamos, en el servicio a nuestras familias y comunidades, ejercitando los dones creativos y estando en unidad con Dios. Ni la categoría más alta a los ojos de los hombres, puede igualar la recompensa por obedecer la voluntad de Dios. Es así como nos elevamos a mucho más que una simple colección de átomos.

Gálatas 6:4
Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo, y no con respecto a otro.


El ruego de un adolescente

lunes, 26 de octubre de 2009

Cuando te pido que me escuches y comienzas a darme consejos, no has entendido lo que te pedí.

Cuando te pido que me escuches y comienzas a decirme por qué no debo sentirme de tal manera, pisoteas mis sentimientos.

Cuando te pido que me escuches y sientes que debes hacer algo para resolver mi problema, me has fallado, aunque te suene raro.

¡Escucha!

Lo único que te pedí fue que me escuches. y no hables o hagas algo, solo escúchame.

Yo sé valerme por mí mismo. No soy un inútil. Cuando haces algo por mí, que yo mismo puedo y debo hacer, contribuyes a mis sentimientos de temor e insuficiencia. Pero, cuando aceptas como un simple hecho lo que yo siento, sin importar cuán irracional parezca, entonces puedo cesar de intentar convencerte y dedicarme a comprender lo que hay detrás de tales sentimientos irracionales.

Y cuando esté claro, las respuestas son obvias.

Quizás esta es la razón por la que es tan eficaz la oración; porque Dios escucha en silencio.

Eclesiastés 3:1,7
Todo tiene su tiempo...
tiempo de callar y tiempo de hablar.