La montaña de basura

martes, 20 de octubre de 2009

Un día antes de pasar el camión de la basura el padre de Jaime ayudaba a hacer sus tareas en la casa. “Detesto hacer esto”, dijo Jaime, en tanto que clasificaba y colocaba las latas en un bote de basura y las botellas en otro.

- “Sería mas fácil si no hubieras dejado acumular todo lo de una semana”, replicó su padre.

- “Me gustaba mucho más cuando tirábamos toda la basura en una de esas grandes bolsas de plástico”, dijo Jaime refunfuñando.

- “Pues si no reciclamos la basura todo lo mas que podamos muy pronto llegará el momento en que ya no habrás más espacios en los basureros”, le dijo su padre.

- “Sí, yo lo sé”, dijo Jaime asintiendo con la cabeza. “El autobús del colegio pasa todos los días por un botadero de basura. Siempre se ve una montaña inmensa de basura. Los muchachos de la escuela le dicen la montaña de basura”.

- “¿Qué es eso que hay allá?” , preguntó el padre señalando hacia una bolsa de papel color café.

- “Ah, son algunas cosas que no supe cómo clasificar”, dijo entre dientes. “Después me ocuparé de eso”.

- “Veamos qué tenemos aquí “, dijo el padre. “¡Hmmmm. Discos, algunos casetes y revistas ¡Show! Estas revistas de verdad son basura. ¿Las has estado leyendo?”

- “Algunos de los muchachos me las dieron”, contestó Jaimito avergonzado.

- “¿Te gustan esas cosas?” , preguntó el padre.

- “Al leerlas en un principio me hacían sentir como un adulto”, admitió Jaime. “Pero luego no me gustaron las cosas que venían a mi mente. Voy a botar todas esas cosas y no volveré a aceptar algo por el estilo”.

- “Me alegro”, dijo el padre. “Cosas como esas pueden hacer que tu mente y tu corazón se llenen de tanta basura que pueden desplazar a Dios”.

¿QUÉ TAL TÚ?
¿Has botado toda la basura de tu vida?
Asegúrate de que tus libros, revistas, casetes y programas de televisión no sean los equivocados. Pídele a Dios que te diga de qué tienes que deshacerte. Él te guiará al orar y leer la Biblia.

No llenes tu vida de montañas de basura.

2 Corintios 7:1
Limpiémonos de toda contaminación de carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

La Valentía de Telemaco

sábado, 17 de octubre de 2009

Justo González, destacado historiador latinoamericano, señala que a principios del año 400 d.C. muchos “monjes occidentales trataron de oponerse a las injusticias y crímenes de su tiempo. Símbolo de ellos es Telémaco, el monje que se lanzó a la arena en el circo romano y detuvo un combate de gladiadores. La multitud enfurecida y supuestamente cristiana, lo mató. Pero a partir de esa fecha, y en respuesta a la acción de Telémaco, los combates de gladiadores fueron prohibidos por el emperador Honorio” (J.González, Historia del Cristianismo, Unilit, Tomo 1, p. 264).

Al igual que entonces, en nuestro día también necesitamos actuar con hechos que produzcan cambios profundos y duraderos. Ya sea que estemos al mando de una nación o simplemente seamos un número más para las estadísticas, somos responsables en mayor o en menor escala del bienestar de nuestra generación.

Para actuar se necesitan tres cosas fundamentales:

(a) tener esperanza,

(b) conocer las causas de los problemas de nuestro mundo,

(c) entregarse concienzudamente para ser parte de la solución.

Ningún pesimista desesperanzado ha logrado algo por la humanidad. Apaliar simplemente las consecuencias del caos humano nunca ha servido para establecer cambios a largo plazo. Y nadie, absolutamente nadie, ha logrado algo positivo entre los habitantes de este planeta permaneciendo inerte como parte del problema.

La Biblia dice: “En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos” (1a Juan 3:16).

Dios no envió un folleto lleno de palabras desde el cielo para hablarnos de Su gran amor. Él vino y habitó entre nosotros en la persona de Jesucristo hombre. Y así también padeció, murió en la cruz y resucitó al tercer día, a fin de mostrar Su amor con hechos más que con simples palabras. La conclusión, pues, es que en tiempos de catástrofes naturales, guerras, conflictos y problemas cotidianos, usted y yo actuemos con hechos que impliquen sacrificio y entrega, pues de esta manera seremos protagonistas del comienzo de un nuevo mundo.

Mientras muchos pierden el tiempo en el ocio, la diversión superficial, los discursos huecos, la queja y el pecado, Jesucristo nos invita a seguir sus pasos. Entonces, al igual que el monje Telémaco en los días del Imperio Romano, lancémonos a la arena y gritemos a viva voz: ¡Es hora de cambios! ¡Es hora de actuar!

Cristian Franco

Escondido en el hielo

jueves, 15 de octubre de 2009

Resulta difícil entender que la base de la alimentación de las grandes ballenas sea un minúsculo crustáceo de apenas seis centímetros, el kril. Pero las grandes concentraciones producidas por este pequeño animal en la época del apareamiento son tan sorprendentes que resultan difíciles de imaginar.

Cuando llega la primavera, el kril antártico forma agrupaciones de varios cientos de kilómetros cuadrados muy cercanas a la superficie. Un equipo de investigación ruso estimó que en un solo banco de kril contenía 100 millones de toneladas de estos pequeños animales. Si estas estimaciones son acertadas significaría que en un solo banco podría existir más biomasa que la capturada en peces en todo el mundo por los seres humanos, en el término de un año.

Junto con el inicio del deshielo aumenta la luz disponible para fotosintetizar. Entonces las diatomeas, pequeñas algas microscópicas, que son la base de alimento de estos crustáceos, proliferan y el kril vuelve a nutrirse formando enormes agrupaciones que sirven, además, par el apareamiento y la reproducción.

Una sola hembra puede producir hasta 10.000 diminutos huevos. Aprovechando la agregación de kril en aguas cercanas a la superficie las ballenas, focas, peces e incluso pingüinos se alimentan de ellos en forma masiva y casi sin ningún esfuerzo. El kril es el alimento base de la Antártida, sirviendo de sustento a casi todos sus pobladores.

Al regresar el invierno los bancos de kril se dispersan bajo el hielo antártico, pero deberán atravesar una serie de importantes cambios para poder sobrevivir. En principio reducen notablemente el metabolismo hasta la mitad o un tercio del nivel estival y recurren a las reservas de grasa que acumularon durante el verano. Pero, a medida que estas reservas van desapareciendo el animal va achicando su tamaño físico hasta tomar el aspecto de un juvenil.

La mayoría de los crustáceos tienen que mudar su caparazón para crecer, pero el kril lo muda cada invierno para poder disminuir su porte a dos tercios del tamaño original. Un cuerpo menor con menor movimiento consume muchas menos energías, nada debe ser desperdiciado en pos de sobrevivir en aguas congeladas hasta la primavera siguiente.

Incluso, al mudar, se comen su propia cáscara. El kril achicado y casi inmóvil espera bajo los hielos la llegada de la nueva primavera para nutrirse y recuperar su talla original.

Achicarse para sobrevivir, no gastar inútilmente lo que no se tiene, esperar pacientemente el paso del invierno, sobrevivir bajo las condiciones más extremas. Hasta que llegue la primavera, hasta que llegue el alimento, hasta que la Antártida vuelva a explotar de vida y las aguas se tiñan de rojo marcando el regreso de las diatomeas, el kril y las ballenas. Dándole un nuevo impulso a la vida, marcando el pulso del océano.

Tito Rodríguez
Director
Instituto Argentino de Buceo

Estas últimas cosas son vitales. Achicarse para sobrevir, no gastar inútilmente lo que no se tiene y esperar pacientemente. Creo que nosotros los seres humanos podemos aprender del kril. A veces tenemos que aprender a achicarnos para sobrevivir, en otras palabras no dejar que el orgullo nos eleve, No gastar inútilmente lo que no se tiene, ya que muchos por mantener una imagen de ricos gastan hasta lo que no tienen y finalmente saber esperar pacientemente. En la espera hay riqueza espiritual.

¿Cuál es mi fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para que tenga aún paciencia? Job 6:11

Oh Señor, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.Salmo 5:3

Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti. Salmo 39:7