Si se pierde, no se encuentra

sábado, 10 de octubre de 2009

Cierto día salieron a pasear juntas por un lugar, donde se celebraba una hermosa fiesta, la Ciencia, la Fortuna, la Resignación y la Honradez.

En el camino dijo la Ciencia: Amigas, como puede darse el caso de que nos perdamos unas de otras en la fiesta, es bueno convenir el lugar donde podamos encontrarnos de nuevo: a mí podéis encontrarme en la Biblioteca de aquel sabio médico, el doctor X que, como sabéis, es uno de mis viejos y mejores amigos.

La Fortuna dijo: --Yo me iré a esperarlas en el lujoso palacio de aquel poderoso millonario a quien, como sabéis, siempre acompaño.

La Resignación dijo a su vez: --A mí me encontraréis en la pobre y triste choza de aquel viejecito a quien con tanta frecuencia veo, y quien, sin exhalar jamás una queja, ha vivido tantos años sufriendo los horrores de su negra suerte.

Como notasen las compañeras que la Honradez se mantenía callada, le preguntaron: --A ti, amiga, ¿dónde te encontraremos? La Honradez, bajando tristemente la frente, respondió: --A mí, quien una vez me pierde, difícilmente me vuelve a encontrar.--J. R. C.

La honradez es una perla de gran precio. O vale la pena extraviarla. Cualquier otra cosa podría perderse, pero jamás juegues con la honradez. La pierden muchos en la política, en los negocios, en los estudios o en la religión. Ella determinará el grado de credibilidad que tenremos en la vida.

Y que no se les tome cuenta del dinero cuyo manejo se les confiare, porque ellos proceden con honradez. II Reyes 22:7

Así dice El Señor: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Jeremías 2:2


Y les dijeron que no

viernes, 9 de octubre de 2009

Cuando el gran pianista polaco Ignace Paderewsky decidió estudiar piano, su profesor de música le dijo que sus manos eran demasiado pequeñas para dominar el teclado.

Cuando el gran tenor italiano Enrico Caruso presentó su solicitud para aprender canto, el maestro le dijo que su voz sonaba como el viento que silbaba por la ventana.

Cuando el gran estadista de la Inglaterra victoriana, Benjamín Disraeli intentó hablar en el Parlamento por primera vez, los parlamentarios le pidieron que se sentara y se rieron cuando dijo: «Aunque ahora me siente, vendrá el tiempo en el que me oirán».

Henry Ford olvidó poner una marcha de reversa en su primer carro.

Thomas Edison gastó dos millones de dólares en una invención que demostró ser de poco valor.

Muy pocos lo hicieron bien la primera vez. Fracasos, repetidos fracasos, son las huellas que hay en el camino hacia el éxito. La vida de Abraham Lincoln demostró que la única vez en que no se fracasa es cuando se hace algo y da resultado. Podemos y debemos «caer» e irnos de bruces hacia el éxito.

Tomado de Maxwell, J. C. 1997; 2003. Actitud de Vencedor.

Aunque otros digan que no, no retrocedamos porque la victoria podría estar a la vuelta de la esquina. Las voces de afuera intentan frenarnos , pero la voz interna de Dios en nuestro corazón siempre nos impulsa, nos desafía y hace dar el último paso de lo que parece derrota pero que es el primer pasó en la realización de nuestra vida.

No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Génesis 15:1

No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Génesis 26:24

El Señor va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides. Deuteronomio 31:8



La amabilidad no puede esperar

martes, 6 de octubre de 2009

Piensa por un momento en aquellas especiales palabras que deseas expresar a alguien que ha sido particularmente amable contigo, o esa nota de estímulo que quieres escribir a un amigo que parece estar un poco desanimado. Tal vez debas realizar esos actos de amabilidad ahora mismo, porque nunca sabes cuándo podría ser demasiado tarde.

Al pensar en tomar acción respecto a nuestras intenciones de ser amables, podemos aprender de Charles R. Haynsworth Jr., un hombre de negocios que animó a sus empleados justo a tiempo.

Aunque él normalmente no firmaba los cheques de sus empleados, lo hizo en septiembre de 1994. Los que firmaban regularmente estaban fuera de la oficina, por lo que se hizo cargo de la tarea. Cuando firmó los cheques, el señor Haynsworth hizo el esfuerzo adicional de incluir una nota en cada uno, agradeciéndoles a sus empleados su servicio.

Al día siguiente, Charles Haynsworth murió repentinamente, pero no sin antes darles las gracias personalmente, por medio de aquellas notas, a cada miembro de su personal.

Tómate hoy el tiempo de escribir una nota de agradecimiento o de ser especialmente amable con alguien que amas. No esperes hasta que sea demasiado tarde para ser amable.

Amaos los unos a los otros con amor fraternal.... Romanos 12:10.