skip to main |
skip to sidebar
Hay un sitio web que afirma predecir cuándo vas a morir. Después de contestar una serie de preguntas, aparece la fecha proyectada de tu muerte junto con un reloj digital que cuenta regresivamente la cantidad de segundos que te quedan por vivir.
Todo se basa en las estadísticas de la esperanza de vida, pero verlo en una pantalla de computadora lo hace más vivo. Como dice el sitio, es el amigable recordatorio de la Internet de que la vida se escapa.
Dios en su sabiduría no nos dice el día en que vamos a morir. Tampoco sabemos el día de regreso de Cristo.
Sin embargo, la Biblia nos apremia a vivir para Cristo y a estar preparados para ambos acontecimientos.
Pedro escribió: Más el fin de todas las cosas se acerca; sed pues prudentes y de espíritu sobrio para la oración. ...sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros... Sed hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones. Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:7-10
Jesús dijo: Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis. Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. Lucas 12:40, 43
Los cristianos no tenemos que asustarnos al ver que nuestro tiempo se escapa. Más bien vivamos cada momento para Cristo y estemos preparados para encontrarnos con Él hoy.
Prepárate para último momento preparándote a cada momento.
Un hombre adinerado pasaba sus días pescando en el lago contiguo a su mansión. Cada día, veía en aquel lugar a un hombre muy pobre que vivía en una choza tambaleante. Pescaba con un palo y una cuerda. Lo hacía casi una hora; pocas veces conseguía más de dos pescados.
Entonces, se iba a casa.
Los años pasaron y, frustrado de tanto meditar, el rico se acercó al pobre:
Disculpe, por favor, pero hemos pescado en este lugar por años, y siento curiosidad. Usted viene aquí diariamente, logra pescar muy poco y luego se dirige a su casa. Sólo me pregunto por qué no permanece un poco más de tiempo.
Mire, si usted se queda cada día una o dos horas más, podría vender en la ciudad el pescado que le sobre.
Conseguiría dinero suficiente para adquirir una vara mejor, y así tener una pesca considerable. Tal vez pueda hacerse de un bote y una red. Pescaría aun más, y podría hasta contratar otro hombre y un bote adicional. Pronto no tendría que estar en el agua todo el día, sino que llegaría a ser dueño de una gigantesca compañía, la cual fácilmente podría pasar sus días pescando solo , el tiempo que desee, haciendo lo que le place y sin preocupaciones.
Pero señor, no entiendo -dijo el hombre pobre-, ¡eso es precisamente lo que hago!
Contentarse con la vida que Dios nos ha concedido es disfrutar la mayor de las riquezas.
I Timoteo 6:6
Un hombre, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento.
El canal National Geografic presentó un programa que mostraba cómo hacen las águilas para atrapar peces en los lagos. Vuelan muy alto sobre el lago, , y su visión es tan aguda que localizan con facilidad al pez que quieren pescar. Al verlo, doblan las alas hacia atrás y se lanzan directamente hacia él a gran velocidad. Al llegar al agua, extienden las alas, abren las garras, asen al pez y vuelven a la playa.
En ese programa, mostraron una película que presentaba un hecho poco común. Un águila se sumergió apara atrapar al pez; pero, el pez era muy grande. Al comenzar a levantar el vuelo, el águila hacía un esfuerzo muy grande. El pez era pesado y ella no lograba soportar su peso.
Dándose cuenta de que no podía con su presa, trató de soltar al pez. Pero sus garras habían penetrado tan hondo en sus carnes que no podía sacarlas. Luchó mucho, pero no tuvo éxito. Comenzó a caer al lago, ahogándose, porque no pudo librarse de la caza que había atrapado.
Muchas veces, nosotros nos aferramos de cosas que pueden ser peligrosas. Escogemos malos amigos, malos programas de televisión, alimentos dañinos. En fin, nuestras elecciones acaban siendo demasiado pesadas y grandes para nosotros.
Al principio, creemos que tenemos el control, y que podremos apartarnos del mal cuando lo deseemos. Pero, sin darnos cuenta, eso se transforma en un hábito. Cuando un día tratamos de librarnos y de salir, descubrimos que estamos demasiado agarrados de las malas costumbres. ¡Estamos descontrolados!
Lo mismo que le pasó al águila que no consiguió librarse del pez y murió ahogada, puede pasarnos a nosotros; y cuando nos acordemos, será demasiado tarde para abandonar el mal; ciertamente pereceremos juntamente con él. A veces, los malos amigos nos llevan a hacer cosas que no haríamos si no anduviéramos con ellos.
En Hebreos 12:11 leemos que debemos librarnos de todo peso del pecado que nos acosa.
Así que ¡manténte despierto!
Efesios 5:11
No tomen parte en las cosas inútiles que hacen los que son de la oscuridad. DHH