! Mama ... el pastor habla de ti ¡

martes, 22 de septiembre de 2009

Después de mucho tiempo una señora volvió a ir al culto con su hijita. Por causa de su trabajo no podía asistir a los cultos matinales; por eso fue en la noche. El pastor habló en esa ocasión acerca de la negligencia de muchos en cuánto al cumplimiento de sus deberes cristianos: No leen la Biblia, descuidan la asistencia a los cultos, etcétera.

La niñita escuchaba atentamente el sermón y, cuando oyó que el pastor hablaba del descuido de muchos padres, se volvió a su madre y, confiada, le dijo:

"¡Mamital ¿Te habla a ti el pastor?" Estas palabras fueron un flechazo para el corazón de la madre que permaneció callada. Esa ingenua pregunta de su propia hijita fue para ella un sermón vivo y eficaz.

Sería conveniente que también nosotros tuviésemos a alguien que nos formulara esta pregunta mientras escuchamos el sermón de nuestro pastor. Sin embargo, tantas veces escuchamos el sermón de un pastor con el fin de criticar, o para oir al orador tras el sermón, o para oir por oir porque estamos con el reloj en la mano calculando el tiempo que tarda.

Sí, es conveniente que nos preguntemos, a veces, durante el culto: "¿Te habla a ti el pastor?" O para ser más exactos preguntémonos así: "¿No te está hablando Dios a ti por medio del pastor?"--L. Gross.

Dios siempre habla. Continuamente habla. De muchas maneras Él habla. Habla directo al corazón, a través de la BIblia, a través de personas incluyendo el pastor en sus sermones, amigos y a través de las circunstancias de la vida. Ya lo estas oyendo?

Cuando fue la última vez que fuiste a la Iglesia? Qué te dijo Dios allí?

No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad. Hech 2:46

Las palabras de los sabios son como aguijones. Como clavos bien puestos son sus colecciones de dichos, dados por un solo pastor. Ecle 12:11


La silla vacia

domingo, 20 de septiembre de 2009

El asiento vacío habla con elocuencia. A pesar de que su mensaje no es agradable, todos lo pueden oir.
Al predicador el asiento vacío le dice: "Tu sermón no vale."
Al que visita la iglesia, le advierte: "Ya ves, vamos perdiendo terreno."
Al nuevo que busca una iglesia donde asistir: "Vale más esperar a ver lo que pasa aquí."
Al tesorero de la iglesia: "¡Cuidado! ¡Habrá un déficit!"
A la madre que preparó la cena: "No me importa lo que haces para mí"
Al compañero de trabajo: "Trabaja por mí que yo llegó mas tarde"
Al músico: " No me interesan tus horas de ensayo y disciplina"
A los miembros presentes les aconseja: "Ustedes también pueden ausentarse el domingo próximo."
A los verdaderos fieles les aconseja: "Trabajad, invitad, orad, orad, llenad esos asientos vacíos."
El asiento vacío testifica contra los cultos. Mata la inspiración, ahoga la esperanza. Aleja el celo y es un peso desanimador para toda iglesia.
Por otro lado, el asiento ocupado es un ala, es un estímulo, es un incentivo y una inspiración al predicador y a toda persona que ama al Señor Jesús.--

Hay muchos lugares donde hay asientos vacíos. Y sus mnsajes son desperanzadores. Pero los asientos ocupados trasmiten la esperanza, la confianza y el vale la pena seguir, porque hay frutos que recoger en el camino.

Cerca de tí hay un asiento vacío?. Busca la persona que debería estar ahí, quizas esta desanimada, frustrada o desilusionada y tú podrías hoy marcar una diferencia para ella o él. El asiento vacío gime esperando que tu hagas algo por volverlo a llenar.
"Tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío." 1 Samuel 20:18.

No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. Heb 10:25



Afan efimero

viernes, 18 de septiembre de 2009

La araña teje su tela a costa de un largo trabajo y de numerosas idas y vueltas. Entreteje sus innumerables hilos, sin economizar su sustancia, pues saca el material de sus propias entrañas. Pero basta un escobazo para destruir esa obra de arte. El mismo insecto corre el riesgo de terminar brutalmente sus días bajo los pies de quien hace la limpieza.

¿No ocurre lo mismo con los humanos? Se agotan buscando riquezas o una situación mejor, más bienestar o reconocimiento de parte de sus semejantes, diversas clases de distracciones... Gastan su energía, su inteligencia y su salud tratando de lograr las metas terrenales que se proponen. ¡Y cuando creen haber acabado su obra, se dan cuenta de que se parece a una telaraña!

"Engrandecí mis obras" -escribió el rey Salomón-, "edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines... fui engrandecido... y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu" (Eclesiastés 2:4-11).

Aprendamos a medir lo que hacemos, no en la escala del tiempo que pasa, sino en la de la eternidad. Sin descuidar el trabajo, es necesario dar prioridad a la salvación del alma por la fe en Jesucristo. "¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Marcos 8:36).