La Montaña Negra

miércoles, 20 de mayo de 2009

"¡Voy a irme a la Montaña Negra!", gritó el pequeño Ricardo de cinco años.

"Muy bien, si eso es lo que quieres adelante", le respondió su madre abriendo la puerta y acompañándolo hasta el pórtico.

Un manto de silencio cayó sobre él. Hacía rato que ya no había sol y la oscuridad de la noche cubría el paisaje. Por el resplandor de las estrellas, apenas veía la forma de la Montaña Negra en la distancia. En plena oscuridad, el niño escuchó el movimiento de un animal entre las plantas, y el aleteo de un ave en el cielo oscuro.

De pronto, el corazoncito del niño latía con más rapidez, y se le había acelerado la respiración. Ir a la Montaña Negra había sido una mala idea.

¿Por qué habría dicho eso?, pensó.

Se sentó en el pórtico abrazándose las rodillas contra el pecho, mientras una lágrima le rodaba por la mejilla al tratar de controlar el miedo.

Desde la cocina, escuchó que su padre le decía: "Ricardo ¿quieres venir a cenar con nosotros?"

A veces, cuando estamos enojados con nosotros mismos, con los demás, con las circunstancias, o hasta con Dios, queremos irnos. Nos enojamos y amenazamos. Nos sentamos en el pórtico y lloriqueamos. Aun así, Papá espera pacientemente y nos llama para reunirnos con el resto de la familia. El amor ahuyenta los temores y la restauración sana las heridas.

Tomado de En el Jardín con Dios.

Proverbios 19:21
Muchos son los planes del hombre, más el consejo del Señor permanecerá.

Papel en Boca

martes, 19 de mayo de 2009

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre honorable fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad, el verdadero asesino era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento, se procuró buscar un chivo expiatorio para encubrir al culpable, así que el hombre honesto e inocente fue llevado a juicio, conociendo de antemano que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto: ¡la horca!.

El juez cuidó, no obstante, de dar al juicio todo el aspecto de justicia, y por ello le dijo al acusado:

Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable o inocente. Tú escogerás una y será la mano de Dios la que decida tu destino.

Por supuesto, los manejos corruptos habían escrito en los dos papeles la palabra 'CULPABLE', y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba
cuenta de que el sistema propuesto era una trampa.
No había escapatoria.

El juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. El hombre respiró profundamente, quedó en silencio por unos segundos, con los ojos
cerrados y, cuando la sala comenzaba a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa hizo su elección: tomó uno de los papeles y, llevándolo a su boca, ¡se lo tragó rápidamente!.

Sorprendidos e indignados, los presentes protestaron airadamente:

-¿Pero qué hizo? Y ahora, ¿cómo vamos a saber el veredicto?"

Es muy sencillo -respondió el hombre-. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que yo elegí.

Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

Cuando todo parezca perdido, usa la imaginación.

"En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento".
Albert Einstein

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu* de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.

Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos. Efesios 1:17,18


Flores Primaverales

lunes, 18 de mayo de 2009

Cuando yo era una niña y crecía en el oeste de Michigan, siempre celebraba la primavera y las primeras flores el 1° de mayo. Hacía un canasto de papel y lo llenaba de todas las flores que encontraba, la mayoría narcisos y violetas. Luego colocaba el canasto a la puerta de mi vecina, tocaba a su puerta, y me escondía rápidamente detrás de un arbusto. Atisbaba para verla cuando abría la puerta y recogía su sorpresa. Cuando ella entraba, yo corría a mi casa.

La belleza de las flores primaverales y el cambio regular de las estaciones nos recuerdan la fidelidad de Dios. Cuando Noé y su familia con los animales salieron del arca después que las aguas decrecieron, Dios les hizo esta promesa: "Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán" (Génesis 8:22). Y ha sido fiel en mantener esa promesa desde entonces. Dios "hizo . . . el universo" y sigue sosteniendo "todas las cosas por la palabra de su poder" (Hebreos 1:2-3).

Demos gracias a Dios hoy por su hermosa creación y por su fidelidad al sostener su mundo y a nosotros.

Mientras la tierra permanezca, . . . el día y la noche, nunca cesarán. -Génesis 8:22.