Nuestros Padres

sábado, 2 de mayo de 2009

¿Quiénes nos brindaron la posibilidad de que nosotros, como parte de la humanidad, pudiésemos caminar por esta Tierra? ¿Quién nos permitió nacer?

¡Nuestros padres!

¿Quiénes nos bañaron y vistieron y alimentaron y apagaron nuestra sed? ¿Quiénes cuidaron de nosotros en enfermedad y quiénes nos atendieron hasta que recobramos la salud? ¿Quiénes nos enriquecieron?

¡Nuestros padres!

¿Quiénes nos ayudaron a atravesar esos años de crecimiento? ¿Quiénes calmaron nuestros temores y secaron nuestras lágrimas y nos animaron a seguir adelante? ¿Quiénes dijeron: bien hecho?

¡Nuestros padres!

¿Quiénes nos vieron casar y tener nuestras familias? ¿Quiénes tomaron a sus nietos sobre sus rodillas para mostrarles su amor? ¿Quiénes les ayudaron a crecer?

¡Nuestros padres!

¿Y a quiénes hacemos eco en la canción de la vida? ¿La sinfonía de amor de quiénes transmitimos? ¿El gozoso refrán de quiénes sostiene nuestras almas?

¡Nuestros padres!

Doreen (Adams) Ellis, copyright 1978
Es un hecho que nuestro deber es honrar y reconocer el trabajo de nuestros padres. La Biblia asi lo dice, es un mandamiento con Promesa.

¡Reconoce, honra y agradece a tus padres como nunca antes lo has hecho!.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da. Exódo 20:12

Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es justo.
Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa),
para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra. Efesios 6:1-3






Decide tu Felicidad!

viernes, 1 de mayo de 2009

La señora Pepita, bien equilibrada y orgullosa de sus 92 años de edad, estaba completamente lista como cada mañana a las 8 en punto, con su cabello bien peinado y un maquillaje perfectamente aplicado pese a ser casi ciega, dispuesta a mudarse hoy a un asilo de ancianos.

El que había sido su marido durante 70 años había muerto, lo que hacía necesario el traslado.

Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió dulcemente cuando le comunicaron que su habitación ya estaba lista. Mientras ella maniobraba su andador al ascensor, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sábanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana.

"Me encantan", dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo de 8 años al que acaban de mostrar un nuevo cachorro.

"¡Sra. Pepita! usted aún no ha visto el cuarto.... espere".

"Eso no tiene nada que ver", dijo ella. La felicidad es algo que uno decide con anticipación.

El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende de cómo esté arreglado el lugar, depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría". "Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme".

"Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que si funcionan.

Cada día es un regalo, y por el tiempo que mis ojos se abran me centraré en el nuevo día y en las memorias felices que he guardado en mi mente... sólo por este momento en mi vida.

La vejez es como una cuenta bancaria... uno extrae de lo que había depositado en ella".

"Entonces, mi consejo para ti sería que deposites gran cantidad de felicidad en la cuenta bancaria de tus recuerdos".

Recuerda estas simples 5 reglas para ser feliz:

(a) Libera tu corazón de odio,

(b) Libera tu mente de preocupaciones,

(c) Vive humildemente,

(d) Da más y

(e) Espera menos.

Enviado por Sara de Montemayor

Muy buen ejemplo para nuestra vida. Necesitamos entender que nada nos hace felices o alguien nos hace felices. Nosotros decidimos ser o no felices. Ahora tener al Señor en nuestra vida, es la principal razón para ser felices.

¿Ya lo eres?

No esperes mucho. Hazlo antes de que termine este año.

Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo, sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano. Fil 2:14-16


El Amor y La Presión

jueves, 30 de abril de 2009

Llegar a casa y recibir el abrazo del hombre o la mujer que uno ama reduce la presión arterial precipitada por una jornada laboral estresante, señala un nuevo estudio.

La investigación realizada por la Universidad de Toronto y dada a conocer durante una reunión de la Asociación Estadounidense del Corazón, monitoreó a 216 hombres y mujeres a lo largo de un año.

Todos tenían entre 40 y 65 años y habían estado viviendo en pareja durante los últimos seis meses. Al comienzo del estudio, se monitoreó la presión sanguínea de los participantes a lo largo de 24 horas, durante un día laboral.

También se asesoró el nivel de stress que cada uno enfrentaba en su trabajo. Y a través de otra prueba se evaluó la "cohesión marital" de los mismos.

El estudio encontró que aquellos que tenían trabajos demandantes, pero también tenían contención conyugal, vieron decaer levemente su nivel de presión arterial.

Mientras que aquellos con trabajos estresantes que no contaban con apoyo en casa, padecieron el esperado aumento de presión.

Los científicos a cargo del estudio señalaron que estos resultados son significativos, en vista de que la presión sanguínea suele subir naturalmente con el paso de los años.

Fuente: BBC. Redacción: ACPress.net

La Biblia siempre tiene la razón y habla continuamente de la importancia de amar. EL amor si tiene efecto en todas las áreas de nuestra vida. Muchos males que hoy aquejan a la humanidad están enraizadas en la amargura, el odio y el resentimiento. Que te parece si hoy, cuando llegue a casa, le estabilizas la presión arterial a aquellos que viven contigo, un un cálido abrazo? Pruebalo, es buen remedio.

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.

No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.

El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.

Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor jamás se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y el de conocimiento desaparecerá.
I Cor 13:4-8